El ocaso de la belleza es un poemario

"El ocaso de la belleza" es un libro de poemas creado por Justo Zamarro, es un regalo que me hizo una tarde de primavera y que yo ahora lo regalo a todo el mundo através de este blog. Son poemas fríos, en verso libre, que esconden muchas cosas dentro de otras y que ofrecen nuevas visiones o perspectivas en tiempos de confusion como los actuales. 

http://jzamarro.blogdiario.com/img/jzamarro.JPG Justo, emplea los elementos de la ciudad de un modo un tanto nuevo que se aproxima a veces a la generación de poetas de los nuovísimos pero aportando cosas nuevas que todavía están por descubir.

Íbamos a la vida rápidamente

Íbamos a la vida rápidamente

la universidad pública abría sus brazos,

los chicos sufrían por las chicas bellas

que siempre huían de los deseos.

 

Era el último año de los noventa.

Yo sólo tenía dieciocho años,

una novia morena, socialista

que temía del placer de su cuerpo.

 

La depresión era el nuevo dios

en el siglo más metálico de todos.

El hombre no sentía naturaleza.

Nos echábamos de menos pero sólo

virtualmente sólo virtualmente.

Reunir los restos de nuestro cuerpo

Reunir los restos de nuestro cuerpo,

miles de ácaros sobre la almohada

con los píes fríos como el metal

en esa hora violenta y mortal

cuando interrogamos a la vida

desde el lado oscuro de la muerte;

ese instante en que baja la niebla

y descubres que todo lo dado

no es comparable a lo recibido;

y, de nuevo, te hundes en el nicho

de poliéster que son las sábanas,

sabiendo que tras el azulejo

no hay un paisaje sino cemento.

¿Qué esperamos de los demás

si cuando dan todo no lo vemos?

Si quizá en ese cruce de miradas

o en ese choque accidental del metro

se pierde la persona que buscamos

para liberar, al fin, los ojos;

pero nunca pasa y se aleja

se pierde, de nuevo, ese otro cuerpo

sobre el que posar nuestra carne.

A menudo dos extraños se aman

A menudo dos extraños se aman,

hacen el amor,

creando un único ser de dos cabezas,

con el pesado olor metálico

de los cuerpos en delirio.

Luego invento minúsculas figuras

en un techo con goteras.

Separando bien las piernas

se mea en el centro.

Espera entre mis sábanas

la mujer que ahora amo

y, lentamente, desciendo

                                         del hecho humano al individuo.

Un lejano horizonte

Un lejano horizonte

en cada punto cardinal que me rodea.

Al sur lo caminado,

la memoria borrada y redibujada al gusto,

mutada en pena o alegría,

las dos son lágrimas de una huella sin pisada.

En el este, al fondo, casi invisibles

los brazos abiertos del amante

igual que el rosal que oculta sus espinas;

invitación a la profundidad de las estrellas,

caudal de río sin mar.

Del oeste al zurdo oído,

el grito del amigo: ADELANTE, AGUANTA;

ser de niñez, de vida entera, sea quien sea...

agua de la baba seca en la boca del mudo.

El norte impide girar el cuello,

férreo sostén de ojos presos

de mirar nada.

Valiente es el paso al frente

sin vértigo al camino que no es:

¡ANDA!    

La libertad del recreo

La libertad del recreo

se pierde en los domingos

con la sensación vaga

de tener que abandonar

la felicidad, tan joven

Para enfrentarnos al mundo

ingratamente, tan solos

 

La realidad no está

en el coche, el trabajo

la pared, el edificio

ni en el amor o la guerra.

 

Hay cosas sin respuesta,

nubes sin forma aparente

para un par de ojos tan torpes

incapaces de imaginar

senderos alternativos

cuando la carretera

se transforma en un camino.

Cuando escasea el azufre

Cuando escasea el azufre

toda ciudad suelta sus alimañas,

sus discretas miserias,

sobre los bancos del parque.

La sociedad coagula libertades

y amenaza siete manos débiles

como el óxido a la barandilla.

Sin crear sólidamente

coger la maza y destruir

destruir y esperar

que los fuertes encorvándose

busquen entre basura sus falsos ritos

con la mano cortada de mi abuelo.

La araña es el centro del mundo

                                          entre la geometría de su tela.

El sentido del combate pleno

El sentido del combate pleno:

solamente ir es más importante

que llegar donde radica todo

ese intervalo

en el que alguien

te cambia

sin avisar,

discretamente

para tu bien, la sal por azúcar

y te enseña de nuevo a sonreír

sin ese brillo del desencanto

        que vuelve mate industrias sensibles.

El sol fatigado de septiembre

El sol fatigado de septiembre

como un francotirador en la azotea

perdonándonos la vida, vigilándonos;

la gente bulle en las calles, en los cines.

 

Yo otra vez solo, sin butaca asignada.

Desorientado, sin una mano amiga

que me guíe entre los depredadores

de traje gris y maletines vacíos,

de tanta información desinformados.

¿Cómo hacen todos esos desconocidos

para seguir viviendo alegremente?

 

Yo otra vez cansado, doce horas en cama

confundido

     sintiendo el ligero rumor

     del tendido eléctrico

     mezclado con el sueño.

Agotado.

 

 

Acerca de jzamarro

Estos poemas son de Justo Zamarro, un joven de 25 años que me los regaló un buen día sin pedirme nada a cambio, ahora, conmovida por el regalo y los poemas, los cuelgo aquí para compartirlos abiertamente.Puedes escribirle un mail diciendo que te parecen los poemas:justozamarro@ozu.es

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