"El ocaso de la belleza" es un libro de poemas creado por Justo Zamarro, es un regalo que me hizo una tarde de primavera y que yo ahora lo regalo a todo el mundo através de este blog. Son poemas fríos, en verso libre, que esconden muchas cosas dentro de otras y que ofrecen nuevas visiones o perspectivas en tiempos de confusion como los actuales.
Justo, emplea los elementos de la ciudad de un modo un tanto nuevo que se aproxima a veces a la generación de poetas de los nuovísimos pero aportando cosas nuevas que todavía están por descubir.
Íbamos a la vida rápidamente
la universidad pública abría sus brazos,
los chicos sufrían por las chicas bellas
que siempre huían de los deseos.
Era el último año de los noventa.
Yo sólo tenía dieciocho años,
una novia morena, socialista
que temía del placer de su cuerpo.
La depresión era el nuevo dios
en el siglo más metálico de todos.
El hombre no sentía naturaleza.
Nos echábamos de menos pero sólo
virtualmente sólo virtualmente.
Reunir los restos de nuestro cuerpo,
miles de ácaros sobre la almohada
con los píes fríos como el metal
en esa hora violenta y mortal
cuando interrogamos a la vida
desde el lado oscuro de la muerte;
ese instante en que baja la niebla
y descubres que todo lo dado
no es comparable a lo recibido;
y, de nuevo, te hundes en el nicho
de poliéster que son las sábanas,
sabiendo que tras el azulejo
no hay un paisaje sino cemento.
¿Qué esperamos de los demás
si cuando dan todo no lo vemos?
Si quizá en ese cruce de miradas
o en ese choque accidental del metro
se pierde la persona que buscamos
para liberar, al fin, los ojos;
pero nunca pasa y se aleja
se pierde, de nuevo, ese otro cuerpo
sobre el que posar nuestra carne.
A menudo dos extraños se aman,
hacen el amor,
creando un único ser de dos cabezas,
con el pesado olor metálico
de los cuerpos en delirio.
Luego invento minúsculas figuras
en un techo con goteras.
Separando bien las piernas
se mea en el centro.
Espera entre mis sábanas
la mujer que ahora amo
y, lentamente, desciendo
del hecho humano al individuo.Un lejano horizonte
en cada punto cardinal que me rodea.
Al sur lo caminado,
la memoria borrada y redibujada al gusto,
mutada en pena o alegría,
las dos son lágrimas de una huella sin pisada.
En el este, al fondo, casi invisibles
los brazos abiertos del amante
igual que el rosal que oculta sus espinas;
invitación a la profundidad de las estrellas,
caudal de río sin mar.
Del oeste al zurdo oído,
el grito del amigo: ADELANTE, AGUANTA;
ser de niñez, de vida entera, sea quien sea...
agua de la baba seca en la boca del mudo.
El norte impide girar el cuello,
férreo sostén de ojos presos
de mirar nada.
Valiente es el paso al frente
sin vértigo al camino que no es:
¡ANDA!
La libertad del recreo
se pierde en los domingos
con la sensación vaga
de tener que abandonar
la felicidad, tan joven
Para enfrentarnos al mundo
ingratamente, tan solos
La realidad no está
en el coche, el trabajo
la pared, el edificio
ni en el amor o la guerra.
Hay cosas sin respuesta,
nubes sin forma aparente
para un par de ojos tan torpes
incapaces de imaginar
senderos alternativos
cuando la carretera
se transforma en un camino.
Cuando escasea el azufre
toda ciudad suelta sus alimañas,
sus discretas miserias,
sobre los bancos del parque.
La sociedad coagula libertades
y amenaza siete manos débiles
como el óxido a la barandilla.
Sin crear sólidamente
coger la maza y destruir
destruir y esperar
que los fuertes encorvándose
busquen entre basura sus falsos ritos
con la mano cortada de mi abuelo.
La araña es el centro del mundo
entre la geometría de su tela.
El sentido del combate pleno:
solamente ir es más importante
que llegar donde radica todo
ese intervalo
en el que alguien
te cambia
sin avisar,
discretamente
para tu bien, la sal por azúcar
y te enseña de nuevo a sonreír
sin ese brillo del desencanto
que vuelve mate industrias sensibles.
El sol fatigado de septiembre
como un francotirador en la azotea
perdonándonos la vida, vigilándonos;
la gente bulle en las calles, en los cines.
Yo otra vez solo, sin butaca asignada.
Desorientado, sin una mano amiga
que me guíe entre los depredadores
de traje gris y maletines vacíos,
de tanta información desinformados.
¿Cómo hacen todos esos desconocidos
para seguir viviendo alegremente?
Yo otra vez cansado, doce horas en cama
confundido
sintiendo el ligero rumor
del tendido eléctrico
mezclado con el sueño.
Agotado.